hice. Nunca me exigió que lo llamara papá. Tampoco me culpó por todos aquellos años perdidos.
Antes de despedirnos, me preguntó si volvería a verlo.
—Sí —respondí—. Pero vayamos despacio.
Y eso fue exactamente lo que hicimos.
Durante los meses siguientes, Michael fue convirtiéndose poco a poco en parte de mi vida. Mi relación con Robert era más complicada. Seguía queriendo al hombre que me había criado, pero necesitaba límites claros, sinceridad y tiempo antes de poder volver a confiar en él.
Finalmente, Robert aceptó acudir a terapia familiar con