un metro de mí.
—En el peor de los casos, asumirías una responsabilidad limitada. Podríamos negociar, llegar a un acuerdo, conseguir una condena menor. Tienes un hijo pequeño, no tienes antecedentes…
No terminó la frase.
Tampoco hacía falta.
—Estás hablando de que yo vaya a prisión.
—Estoy hablando de proteger el patrimonio familiar.
Me quedé mirándolo.
Aquel hombre había llorado de emoción el día que nació Leo. Me había sujetado la mano durante un parto complicado y había prometido que siempre estaríamos juntos.
Ahora calculaba cuánto tiempo podía pasar yo