El día que mi suegra me dejó sin dinero para el inhalador de mi hijo, mi marido me dijo: “Firma lo que te piden y no habrá problemas”. Fingí creerle y llamé a mi hermana. Dos días después, en plena fiesta familiar, llevaba un collar de esmeraldas carísimo mientras esperaba que alguien descubriera lo que mi suegra escondía detrás de una pared.

me gusta, cariño. Mañana iremos a cenar para olvidarnos de esta discusión.

Subí a nuestra habitación sin contestar.

Cerré la puerta del baño, abrí el grifo para que no se oyera mi voz y llamé a Diana.

—Lo ha confirmado todo. Ha dicho que me quitarán a Leo si hablo.

—¿Has conseguido grabarlo?

—Sí. Y tengo algo más.

Miré hacia la pared que separaba nuestra habitación de la biblioteca privada de Alicia.

Yo había diseñado aquella casa cuatro años atrás.

Conocía las instalaciones, los conductos de ventilación y los espacios