que te hagan daño.
Antes de la fiesta, mi hermana había conseguido que Leo se marchara con ella a pasar la noche, aprovechando una invitación que yo presenté como una sorpresa para el niño.
Alicia aceptó porque quería tener a los adultos disponibles durante la celebración.
Fue la primera vez que me sentí capaz de respirar en varios días.
Sabía que mi hijo estaba lejos de aquella casa.
Poco después de las nueve, mientras Alicia conversaba con los invitados, subí al baño de la segunda planta.
Tenía las manos húmedas