El día que mi suegra me dejó sin dinero para el inhalador de mi hijo, mi marido me dijo: “Firma lo que te piden y no habrá problemas”. Fingí creerle y llamé a mi hermana. Dos días después, en plena fiesta familiar, llevaba un collar de esmeraldas carísimo mientras esperaba que alguien descubriera lo que mi suegra escondía detrás de una pared.

quedarse conmigo.

Seguí avanzando.

Al final del conducto encontré una pequeña puerta técnica.

Detrás había una habitación diminuta, fría y llena de equipos informáticos.

Varias luces verdes parpadeaban en la oscuridad.

No entendía de servidores, pero reconocí los armarios que habían instalado los contratistas de Alicia.

Fotografié las etiquetas de los equipos y los números de identificación, tal como me había indicado Eugenio para que los investigadores pudieran localizar el sistema.

También observé un archivador metálico.

Estaba abierto.

Dentro había carpetas con nombres de proyectos, relaciones de pagos y copias