El día que mi suegra me dejó sin dinero para el inhalador de mi hijo, mi marido me dijo: “Firma lo que te piden y no habrá problemas”. Fingí creerle y llamé a mi hermana. Dos días después, en plena fiesta familiar, llevaba un collar de esmeraldas carísimo mientras esperaba que alguien descubriera lo que mi suegra escondía detrás de una pared.

lado de la pared.

Eran los tacones de Alicia.

—¿Está todo preparado para el traslado? —preguntó.

Un hombre respondió que sí.

—Después de la fiesta llevaréis a Vera y al niño a la finca. Sin móviles y sin visitas hasta que los abogados me avisen.

El corazón empezó a golpearme contra las costillas.

—¿Y si la señora se niega?

Alicia soltó una pequeña carcajada.

—Entonces recordadle lo que puede perder.

Tuve que apoyar una mano contra el armario para no caerme.

Había entrado buscando pruebas de un fraude.

Acababa de