lado de la pared.
Eran los tacones de Alicia.
—¿Está todo preparado para el traslado? —preguntó.
Un hombre respondió que sí.
—Después de la fiesta llevaréis a Vera y al niño a la finca. Sin móviles y sin visitas hasta que los abogados me avisen.
El corazón empezó a golpearme contra las costillas.
—¿Y si la señora se niega?
Alicia soltó una pequeña carcajada.
—Entonces recordadle lo que puede perder.
Tuve que apoyar una mano contra el armario para no caerme.
Había entrado buscando pruebas de un fraude.
Acababa de