nuestra casa y opinaba incluso sobre la educación de Leo.
Pero aquello superaba todo lo anterior.
Llamé a Marcos.
—Tu madre me ha bloqueado las tarjetas. No puedo comprarle el inhalador a nuestro hijo.
Él suspiró.
—Vera, cariño, no empieces. Estamos preparando una auditoría y mamá está reorganizando las cuentas.
—¡Estamos hablando de las medicinas de Leo!
—Pues coge dinero de la caja fuerte de casa.
—¿Y si tampoco puedo abrirla?
—No me hagas perder el tiempo. Tengo una reunión.
Antes de colgar añadió algo que entonces me pareció una