vez que vi auténtico pánico en sus ojos.
—¿Dónde está?
—Con mi hermana.
—¡No tenías autorización!
Me quedé mirándola, incrédula.
—Soy su madre. No necesito pedirte permiso para que mi hijo pase una noche con su tía.
Alicia sacó el móvil.
Antes de que pudiera marcar, escuchamos voces en la planta baja.
Después sonó el timbre de la entrada principal.
Una voz masculina se identificó y solicitó acceso para ejecutar una orden judicial.
Alicia palideció.
—¿Qué has hecho?
—He dejado de protegeros.
Los agentes habían acudido con autorización para registrar