El día que mi suegra me dejó sin dinero para el inhalador de mi hijo, mi marido me dijo: “Firma lo que te piden y no habrá problemas”. Fingí creerle y llamé a mi hermana. Dos días después, en plena fiesta familiar, llevaba un collar de esmeraldas carísimo mientras esperaba que alguien descubriera lo que mi suegra escondía detrás de una pared.

instalaciones relacionadas con la investigación. Los documentos bancarios, los testimonios y las comprobaciones previas habían permitido justificar aquella intervención.

Unos instantes después, Marcos apareció en la biblioteca.

Llevaba la pajarita deshecha y tenía la frente cubierta de sudor.

—Mamá, hay policías abajo. Están pidiendo acceso a los despachos y a los equipos informáticos.

Miró a su madre.

Después me miró a mí.

—Has sido tú.

—Sí, Marcos. He contado lo que sé.

Se abalanzó verbalmente contra mí.

—¡Tú también firmaste! ¡No podrás escapar de esto!

—Lo sé. Tendré que responder