su madre para obligarla a firmar documentos.
Después miré a Marcos.
—Quiero el divorcio. Y voy a solicitar la custodia de Leo.
No esperé respuesta.
Al salir de la biblioteca me crucé con varios agentes que se dirigían a la zona de los servidores.
Abajo, los invitados permanecían en grupos, confundidos, mientras se les informaba de que podían abandonar la residencia siguiendo las indicaciones policiales.
Aquella noche no hubo una sentencia ni una victoria definitiva.
Hubo registros, interrogatorios y un proceso judicial que apenas comenzaba.
Pero mientras bajaba las escaleras