animal que reconoce a su depredador y sabe que la única defensa es hacerse invisible. Y los niños.
Dios santo, los niños. Beatriz había visto a todos pasando por la casa en diferentes momentos, siempre bajo la supervisión estricta de Petra, siempre callados y bien portados, como si supieran instintivamente que su existencia era un problema que debía minimizarse. Nunca había prestado verdadera atención a sus rasgos, porque, ¿por qué lo haría? Eran hijos de esclavos, invisibles para alguien de su clase social, pero ahora que lo pensaba, ahora que