a través de la pared y cada sonido la llenaba de una furia fría que iba cristalizando en determinación. Recordó cada detalle de los últimos 8 años con una claridad dolorosa. Las miradas que Ignacio dedicaba a Itzel cuando pensaba que nadie observaba, miradas que mezclaban lujuria con algo más oscuro, más posesivo.
Sus ausencias nocturnas que él justificaba con rondas militares inexistentes. Beatriz había verificado discretamente con otros oficiales y había descubierto las mentiras. La forma en que Itzel mantenía la vista baja cuando Ignacio estaba presente, como un