años en los retratos familiares de los Valverde que adornaban la sala principal de la casa.
Eran niños hermosos, a pesar de las condiciones absolutamente miserables en las que vivían, a pesar de la ropa remendada y los pies a menudo descalzos. Niños que, en un mundo justo, debieron haber crecido con privilegios, educación, oportunidades, pero que en cambio estaban condenados a la esclavitud por el simple hecho de haber nacido del lado equivocado de la moral social y racial.
Itzel estaba sentada en una esquina del cuarto, en el