susurro en la oscuridad. “Cuéntame todo lo que te ha hecho desde el principio. Necesito saberlo todo si voy a ayudarte.
” Itzel la miró con una desconfianza tan profunda que parecía parte de su ser. ¿Cómo podía confiar? ¿Cómo podía creer que esta mujer, que tenía todos los motivos del mundo para odiarla, realmente quería ayudarla? Pero había algo en los ojos de Beatriz, algo que transmitía una extraña solidaridad, un reconocimiento de mujer a mujer de que ambas habían sido víctimas del mismo monstruo de diferentes maneras.
Lentamente, con