manos que temblaban ligeramente, Itzel tomó el carboncillo y comenzó a dibujar. Lo que emergió en esas páginas durante las siguientes horas habría roto el corazón del más duro de los hombres. Itzel dibujaba con una habilidad sor prendente que nadie sabía que poseía, creando imágenes que contaban la historia que su voz no podía articular.
Se dibujó a sí misma joven, de 15 años, siendo empujada contra la pared del cuarto de las despensas, los ojos llenos de terror mientras Ignacio la sujetaba. Dibujó escena tras escena de violaciones,