veía a un hombre que había despertado de golpe y estaba tratando de comprender qué había ocurrido.
Sophie permanecía frente a él.
Sus ojos seguían abiertos de par en par.
Y aunque su madre hubiera preferido que guardara silencio, la niña parecía incapaz de olvidar lo que había visto.
—Era muy pequeño —murmuró.
Anna le dirigió una mirada suplicante.
Pero Sophie continuó.
—Y brillaba un poquito.
La niña no sabía nada sobre la historia de Victor Hale.
No comprendía las relaciones de confianza que sostenían la vida de Dante.
Desconocía