hijas y todo mi pasado.
Cada noche miro la última fotografía que nos hicimos juntas las tres.
Todas estamos sonriendo.
No teníamos ni la menor idea de lo que estábamos a punto de descubrir.
Y a veces me pregunto si no habría sido mejor que nunca nos hubiéramos hecho aquella maldita prueba de ADN.
Pero entonces recuerdo las palabras de Susan:
«Nos robaron el pasado, mamá. Pero no pueden robarnos los años que todavía nos quedan».
Fue la primera vez que me llamó «mamá».
Y, por primera vez, comprendí cuánto