La pequeña llave quedó entre mis dedos mientras mi padre sostenía la caja metálica frente a mí.
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Por primera vez desde que habíamos llegado a aquella casa, dejó de parecer el hombre que tenía todas las respuestas.
Parecía asustado.
—Ábrela tú —dijo.
—¿Qué hay adentro?
—Lo que Ana quiso que algún día fuera tuyo.
Miré la habitación infantil.
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Las fotografías.
La mecedora cubierta.
La imagen de aquella mujer embarazada que tenía mi cara.
Todavía una parte de mí esperaba que todo fuera una explicación absurda que pudiera desmontarse