prudentes porque el centro estaba atravesando un periodo complicado.
Aquella misma semana había llevado a Chloe a un hotel de lujo en la costa.
Yo había visto unas fotografías.
No dije nada.
Quería creer que había una explicación.
Ahora la tenía.
Una semana después, Adrian consiguió llamarme desde el teléfono de Ryan.
Estaba revisando unos documentos cuando apareció un número desconocido en mi pantalla.
Contesté.
—¿Sí?
—Evelyn.
Reconocí inmediatamente su voz.
—Adrian.
Pareció desconcertado por mi serenidad.
—¿Cómo estás?
—Bien.
—Yo no.
Guardé silencio.
Él respiró hondo.
—La herida sigue