MI MARIDO RECIBIÓ UNA PU-ÑA-LA-DA POR SU AM-AN-TE… Y TODAVÍA TUVO EL DESCARO DE PEDIRME QUE LE LIMPIARA Y LO CUIDARA. ESA MISMA NOCHE VOLÉ A PARÍS.

mi centro!

—Es nuestro centro, Adrian. Y durante demasiado tiempo permití que olvidaras esa diferencia.

La propuesta se sometió a votación.

Fue aprobada conforme a los estatutos de la sociedad.

Adrian permaneció inmóvil frente a la pantalla.

Había perdido, al menos temporalmente, el control administrativo que había ejercido durante años.

Yo no sonreí.

No sentí alegría.

Solo una extraña tranquilidad.

Pero todavía faltaba algo.

Dos semanas después de mi llegada a París, recibí un correo de Ryan.

Adjuntaba una copia del informe policial al que Adrian, como víctima, había tenido