tiempo.
Después ella se marchó al extranjero.
Adrian siempre la describía como:
—Una historia vieja.
Yo había creído eso.
Hasta que regresó.
Durante los primeros meses, Vanessa aparecía en demasiados lugares.
Eventos.
Restaurantes.
La empresa.
Reuniones de amigos.
Siempre había una explicación.
Siempre era casualidad.
Una vez le pregunté a Adrian:
—¿Todavía sientes algo?
Él se enfadó.
—¿No confías en mí?
Pregunta equivocada.
Yo terminé disculpándome.
Aquella mañana Vanessa se sentó frente a mí.
—Tú no vas a durar.
No entendí.
—¿Perdón?
—Con Adrian.
—No vas a durar.
Su tono