Por un rasguño en el brazo de su antiguo amor, mi marido me atacó estando embarazada de gemelos; tres días después, una grabadora reveló quién había preparado toda la escena

no tenía nada de la mujer frágil que él veía.

—¿Viniste a mi casa para decir eso?

—Vine para evitar que pierdas más tiempo.

Me levanté.

—Entonces ya terminaste.

Ella no se movió.

—¿Sabes por qué no tienes hijos?

Sentí una punzada.

Aún no le había dicho a nadie sobre el embarazo.

Ni siquiera a Adrian.

—Eso no es asunto tuyo.

Vanessa sonrió.

—Adrian siempre quiso hijos.

—Muchos.

—Conmigo hablaba de eso.

—Sal de mi casa.

—¿Te duele?

—No.

—Te da miedo.

La miré.

Fue entonces cuando saqué la grabadora