Por un rasguño en el brazo de su antiguo amor, mi marido me atacó estando embarazada de gemelos; tres días después, una grabadora reveló quién había preparado toda la escena

antebrazo.

Nada profundo.

Nada que justificara siquiera puntos.

Pero en cuanto Adrian la vio, la manzana cayó al suelo.

El cuchillo también.

—¿Qué pasó?

preguntó.

Vanessa me señaló con los ojos llenos de lágrimas.

—Yo no quería discutir con Natalia…

—Ella me empujó.

—Y después…

Bajó la mirada hacia su brazo.

No terminó la frase.

No hizo falta.

Adrian ya había decidido.

—No hice nada.

dije.

—Hoy ni siquiera salí de casa.

Él se giró hacia mí.

—¿Todavía vas a mentir?

—Adrian, escúchame.

—Te advertí.

Se agachó.

Recogió el cuchillo.