preguntó mi madre.
—Porque quería saber si me elegía sin usar un embarazo.
Ella asintió.
—¿Te arrepientes?
Pensé.
—No.
—Me arrepiento de haber seguido en casa con él cuando ya sabía que algo estaba mal.
Distinto.
Mi madre dijo:
—No te culpes.
La miré.
—No me digas eso como respuesta automática.
Se quedó.
—Puedo reconocer decisiones mías sin hacerme responsable de sus puñaladas.
—Tienes razón.
Eso fue mejor.
El divorcio empezó mientras el caso penal seguía.
Adrian se negó emocionalmente al principio.
Legalmente no podía impedir para siempre.
Su abogado