La primera vez que la vi bien frente al espejo lloré.
No porque fuera fea.
Porque era un mapa.
Durante meses no soporté que nadie tocara mi abdomen.
Ni siquiera médicos sin avisar.
Julian siempre preguntaba.
—Voy a examinar aquí.
—¿Está bien?
Ese hábito me ayudó.
No hubo romance con Julian.
Importante.
Él era mi médico.
Yo era una paciente traumatizada.
No necesitábamos convertir respeto profesional en amor.
Cuando terminé seguimiento, nos despedimos.
—Espero no verla aquí de nuevo.
dijo.
—Qué grosero.
—En oncología quizá sería peor.
Me reí.
Primera