de volver.
Hablaban de responsabilidad.
Al principio parecían demasiado terapéuticas.
Como tarea.
Después se hicieron más simples.
“Hoy pasé frente a la casa antigua. Recordé la manzana en el suelo. Durante años mi mente intentó colocar la violencia en el segundo en que tomé el cuchillo. Ahora sé que empezó mucho antes: cada vez que aceptaba una versión de Vanessa sin preguntarte, cada vez que convertía mis celos o mi necesidad de protegerla en una excusa para tratarte como sospechosa.”
Eso era mejor.
Otra:
“No creo que Vanessa me controlara.