de haber sobrevivido a violencia doméstica?
Respondí:
—Influyó.
—Pero reducir treinta años de trabajo a un trauma sería otra forma de quitarme autoría.
Publicaron la frase.
Bien.
Adrian leyó entrevista.
Su carta anual decía:
“Tiene razón. Durante años incluso mi arrepentimiento te reducía a lo que yo te hice. Me alegra que tu trabajo no sea mi epílogo.”
Esa fue quizá su mejor carta.
A los sesenta y cinco dejó de escribir cada año.
No por conflicto.
Porque ya no era necesario.
Nos vimos en persona a los sesenta y