siete.
Primera vez en décadas.
Evento de una fundación.
Adrian estaba acompañado por Elena Zhou, una profesora universitaria con quien llevaba varios años casado.
Me sorprendió sentir alivio.
Elena sabía todo.
Me lo dijo después.
—Él me contó antes de nuestra tercera cita.
—¿Y no huiste?
—Consideré.
Sonreí.
—¿Por qué seguiste?
—Porque no me pidió que lo absolviera.
Buena respuesta.
Adrian y yo hablamos en terraza.
—Hola.
—Hola.
—Te ves bien.
—Tú viejo.
Se rio.
—Justo.
—¿Eres feliz?
preguntó.
—Sí.
—¿Tú?
Miró hacia Elena.
—Sí.
—Bien.
Silencio.
—Natalia.
—Sí.
—Nunca