Su hermana ayudaba.
Amigos.
Una vez dijo:
—Prométeme que no vas a vivir solo para cuidarme.
—No.
—¿No prometes?
—No voy a prometer una frase absoluta.
—Voy a construir ayuda para que ninguno se destruya.
Sonrió.
—Mucho mejor.
A los setenta y siete Michael murió por complicaciones respiratorias asociadas al Parkinson.
Paliativos.
En casa.
Última tarde pidió helado.
El médico dijo que podía tomar poco.
Yo:
—¿Chocolate?
—Vainilla.
—Después de treinta años contigo descubro que eres aburrido.
Rió.
Murió esa noche.
Adrian asistió al funeral.
No se acercó demasiado.
Después