sé.
—Entonces ¿qué demonios estamos buscando?
Teresa sostuvo su mirada.
—No lo sé, señorita Lin. Pero creo que su tía merece que alguien averigüe por qué se ocultó una parte del registro.
Maya volvió a mirar la carta.
Durante toda su vida había admirado a Natalia precisamente porque nunca había confundido la justicia con el deseo de destruir a sus enemigos.
Su tía había aceptado los límites de las pruebas, incluso cuando esos límites le dolían.
No había llamado asesina a Vanessa cuando el tribunal no había probado que hubiera