tecnológica.
No ganaba una fortuna, pero tenía un buen sueldo.
Él era ingeniero comercial en una compañía de maquinaria industrial. Tenía ambición, sentido del humor y una manera de escucharme que me hacía sentir importante.
Durante nuestro noviazgo, me preparaba el desayuno antes de salir a trabajar.
Cuando enfermaba, aparecía en mi puerta con sopa caliente.
El día que me pidió matrimonio, dijo algo que nunca olvidé:
—Quiero construir un hogar en el que jamás tengas que sentirte sola.
Le creí.
Dos años después de casarnos compramos nuestro apartamento.
La