ser tu esposa solo porque ahora tengas miedo de perder lo que tenías.
Mi suegra se levantó furiosa.
—¡Te arrepentirás! ¡Nadie va a tratarte mejor que mi hijo!
Antes de salir, señaló el apartamento.
—Y tampoco creas que vas a quedarte con todo.
Me acerqué a la mesa y coloqué delante de ella una copia de la escritura y un resumen de mis aportaciones, preparado para mi consulta legal.
—No pretendo quedarme con lo que no me corresponde. Solo quiero que dejemos de fingir que he vivido aquí gracias a