ya era demasiado tarde para convertir aquel gesto en una reconciliación.
Mi suegra cambió de estrategia.
—Piensa en Luo Luo. Un niño necesita a su padre.
—Por supuesto —respondí—. Y quiero que tenga una relación sana con él. Pero no necesita ver a su madre humillada para conservar esa relación.
Hao se sentó lentamente.
—Wei, de verdad quiero arreglarlo.
Lo miré.
Por primera vez parecía comprender que pedir perdón no era suficiente para deshacer lo ocurrido.
—Quizá algún día podamos relacionarnos sin hacernos daño —respondí—. Pero no puedo volver a