que promesas.
Al principio, cuando Claire le proponía hacer algo juntas, Sophie preguntaba:
—¿Seguro que no tienes que ir a casa de la abuela?
Mi esposa respondía:
—Seguro.
Y cumplía.
Fueron al cine, cocinaron juntas y comenzaron a leer un cuento antes de dormir.
Una tarde, Claire encontró en el escritorio de Sophie el viejo cuaderno de dibujos.
Lo abrió por la última página.
Allí seguía escrita aquella frase:
«Papá, no quiero que me quiten otra vez mi habitación».
Debajo, con una letra ligeramente más firme, nuestra hija había añadido