el Registro Civil.
Y Alexander todavía no había llegado.
El hombre que cruzó medio mundo
A las cuatro y veinte apareció un coche negro frente a la cafetería.
La puerta se abrió antes incluso de que el conductor terminara de estacionar.
Alexander salió con una chaqueta oscura, la camisa ligeramente arrugada y el cabello despeinado por el viaje.
Llevaba una pequeña maleta en una mano.
En la otra, un ramo de flores blancas.
Cuando me vio a través de la ventana, se detuvo.
Durante un instante, ninguno de los dos