a la cafetería.
Por primera vez aquel día, dejé de mirar la puerta del Registro Civil.
Ya no sentía prisa.
El regreso de Daniel
No habíamos terminado nuestros cafés cuando Daniel entró.
Sophie lo seguía, con el niño de la mano.
Al vernos sentados juntos, Daniel se quedó inmóvil.
Sus ojos se clavaron en la mano de Alexander, que descansaba junto a la mía.
—¿Qué demonios significa esto?
Alexander levantó la mirada.
—Buenas tardes, Daniel.
La expresión de mi ex cambió de furia a incredulidad.
—¿Os conocéis?
—Desde hace diez