EL DÍA QUE MI PROMETIDO SE CASÓ CON SU EX, LLAMÉ AL HOMBRE QUE LLEVABA DIEZ AÑOS ESPERÁNDOME

por mí.

Y, precisamente por eso, lo que me ofrecía era una elección, no un sacrificio.

Le tomé la mano.

—Entonces empecemos de nuevo.

—¿Cómo?

—Con una cita.

Alexander miró el Registro Civil, después el reloj.

—¿Ahora?

—Podemos casarnos otro día, si seguimos queriéndolo. Pero antes quiero conocer al hombre en quien te has convertido.

Él me contempló durante varios segundos.

Finalmente soltó una carcajada.

—He cruzado un océano para que me invites a tomar café.

—Un café muy caro.

—El más caro de mi vida.

Me acompañó de regreso