junto a él.
—No pasa nada, cariño.
Al verlo, recordé el instante en que me había empujado frente al Registro Civil.
Era un niño pequeño.
Había repetido palabras que seguramente había escuchado de los adultos.
No tenía sentido cargarlo con culpas que no le pertenecían.
Me acerqué.
—Oliver, quiero decirte algo.
El niño se escondió detrás de su madre.
—No quiero.
—Está bien. Solo escucha un momento. Yo nunca quise quitarte a tu papá. Y tú no tienes la culpa de lo que está pasando.
Oliver me miró con incertidumbre.