adoraba y el otro detestaba.
Descubrí que odiaba el cilantro, que siempre perdía las llaves y que era incapaz de dormir si dejaba una discusión sin resolver.
Él descubrió que me gustaba caminar bajo la lluvia, que lloraba con los anuncios de animales abandonados y que necesitaba unos minutos de silencio cuando estaba enfadada.
A veces discutíamos.
Otras veces pasábamos horas sin hablar, simplemente disfrutando de estar juntos.
Y poco a poco me enamoré.
No por las cartas que había escrito.
Ni por el dinero que había gastado.
Ni siquiera