pequeño y brillante.
—Ahora ya no quiero preguntarte si me darías una oportunidad. Quiero preguntarte si te gustaría seguir eligiéndome cuando tengamos días buenos, días difíciles y días absolutamente corrientes.
Sentí que las lágrimas comenzaban a caer.
—Alexander…
—¿Quieres casarte conmigo?
Lo miré.
Pensé en aquella mañana en que Daniel había entrado en el Registro Civil con otra mujer.
En el vestido blanco.
En el certificado que nunca recibí.
En todas las veces que había confundido sacrificio con amor.
Y después miré al hombre que tenía delante.
El que había