EL DÍA QUE MI PROMETIDO SE CASÓ CON SU EX, LLAMÉ AL HOMBRE QUE LLEVABA DIEZ AÑOS ESPERÁNDOME

después de que otro hombre me rechazara.

No porque de pronto hubiera descubierto un amor inmenso.

Sino porque estaba cansada de ser la mujer que siempre esperaba.

Miré mi reflejo en la ventana de la cafetería.

Todavía llevaba el vestido blanco.

El maquillaje comenzaba a estropearse.

Pero mis ojos estaban extrañamente tranquilos.

Escribí:

«No puedo prometerte que hoy te ame como mereces. Lo que sí puedo prometerte es que no volveré a mentirte. Si vienes, quiero que hablemos de verdad antes de decidir nada».

Esta vez tardó casi un minuto