EL DÍA QUE MI PROMETIDO SE CASÓ CON SU EX, LLAMÉ AL HOMBRE QUE LLEVABA DIEZ AÑOS ESPERÁNDOME

mensaje de Alexander.

«Estoy embarcando. El vuelo más rápido que he encontrado llega esta tarde. No firmes nada con nadie hasta que llegue, ¿de acuerdo?».

Por primera vez desde que habíamos hablado, sonreí.

«Te espero», respondí.

Tres segundos después apareció otra notificación.

«Emily, necesito preguntarte algo importante».

«Dime».

«¿De verdad quieres casarte conmigo o solo necesitas escapar de Daniel?».

Aquella pregunta me golpeó más fuerte que cualquiera de las humillaciones de esa mañana.

Porque Alexander había comprendido algo que ni siquiera yo me había atrevido a reconocer.

Lo había llamado