temblaban tanto las manos que apenas podía abrirla.
En el interior solo había unas pocas líneas.
Mamá, no sé si alguna vez me buscaste, pero he soñado con conocerte toda mi vida. Ahora mi niña está enferma. No te pido nada. Solo quiero que sepa que hay otra persona en este mundo que podría amarla.
Caí de rodillas y comencé a sollozar.
Ese día conocí a mi hija, Claire.
Tenía treinta años.
Cuando me vio, se quedó inmóvil durante varios segundos.
Entonces corrió hacia mí.
Nos abrazamos como si intentáramos