de espalda y de rodillas. Pero golpeó la mesa con firmeza y declaró:
—Camila viene conmigo. Y no se hable más.
El hombre que lo dio todo
Desde ese momento, él se convirtió en todo mi mundo. Me dio su habitación y se quedó con el cuartito del fondo, ese donde apenas cabía la cama. Aprendió a hacerme coletas viendo videos en internet y, aunque al principio me quedaban torcidas, nunca dejó que saliera de casa sin ellas.
Preparaba mis almuerzos, iba a todas las reuniones del colegio y se