PARTE 2: LOS DIEZ MINUTOS DE DANTE – boughtat

Victoria debía celebrarse antes de que naciera cualquier descendiente de Elena Carter.

Sentí que el corazón se me detenía.

—¿Por qué?

Dante cerró los ojos.

—Elena…

—¡Dime la verdad!

Su voz salió rota.

—Porque tu padre dejó una herencia secreta.

Lo miré sin comprender.

—¿Qué herencia?

Dante tragó saliva.

—Un fideicomiso de doscientos millones de dólares.

El silencio llenó la habitación.

—¿Y qué tiene que ver con mi hijo?

Dante me miró con una expresión que jamás olvidaré.

—Leo es el único beneficiario vivo.

Sentí que las piernas me fallaban.