decidiste por mí. Después te casaste con mi hermana y volviste a decidir por mí. ¡No vuelvas a hacerlo!
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Nunca dejé de amarte.
Aquellas palabras me dolieron más que cualquier explicación.
—Entonces debiste amarme lo suficiente para decirme la verdad.
Salí sin mirar atrás.
Pero aquella noche ocurrió algo inesperado.
Mia recibió una llamada.
Cuando colgó, tenía el rostro pálido.
—Elena, necesitamos hablar.
—¿Qué ocurre?
—Victoria sabe que regresaste.
Sentí un escalofrío.
—¿Cómo?
Mia tragó saliva.
—Publicó una fotografía de Leo entrando en nuestro