el estómago… y otros en los que apenas pudimos mirarnos a los ojos.
Tuvimos preocupaciones, discusiones, pérdidas, problemas de dinero, enfermedades, decisiones difíciles y sueños que tuvimos que guardar durante años porque había cosas más importantes que atender.
También hubo noches en las que uno de los dos llegó cansado y el otro simplemente preparó café sin preguntar nada.
Hubo mañanas en las que no dijimos “te quiero”, pero dejamos el desayuno preparado.
Hubo momentos en los que uno quiso rendirse y el otro dijo:
—“Espera… todavía podemos arreglarlo.”
Porque