después de 55 años aprendimos algo que nadie nos enseñó:
amar no significa no tener problemas. Significa no convertir los problemas en una razón para dejar de luchar por la persona que amas.
Con los años, nuestras manos cambiaron.
Nuestros rostros cambiaron.
Nuestra manera de vivir cambió.
Pero hay algo que permaneció igual.
Cuando uno se siente perdido, todavía busca al otro.
Cuando uno está triste, el otro lo nota.
Cuando uno se enferma, el otro se queda despierto.
Y cuando la vida se pone difícil, seguimos diciendo lo mismo: