Después de asustar a mi hija diciendo que iba a morir por mi culpa, mi suegra quiso instalarse en mi casa; esa tarde dejó de fingir para siempre

casa, en 1 mes ya no nos saca nadie.
Yo no dije nada. No hacía falta. Ofelia miró a su hijo, luego a mí. Y por primera vez en 5 años, dejó de fingir que estaba enferma.
—Eso era una broma —dijo Ofelia.
—No —respondió Julián—. Era un plan.
Ernesto recuperó su tono autoritario.
—Somos tus padres. Tenemos derecho a vivir contigo.
Julián negó con la cabeza.
—No tienen derecho a aterrorizar a mi hija.
La auxiliar de la notaría cerró la carpeta.
—No estoy aquí para obligarlos a firmar