de Camila que me impedía estar tranquila.
Y entonces ocurrió lo que terminó por despertar todos mis temores.
Fue un jueves por la noche.
Yo estaba sacando la basura cuando Julián llegó para dejarla.
Su automóvil se detuvo frente a nuestra casa.
Camila no bajó inmediatamente.
Permaneció sentada junto a la ventanilla.
Me acerqué sin hacer ruido.
Entonces escuché su voz.
—Pero me prometiste que ibas a hablar con ella.
Me detuve.
Julián respondió en voz baja.
—Camila, ahora no.
—Por favor, tío Julián.
Su voz sonaba desesperada.
—No puedo